Unas bellas damas y no menos apuestos caballeros, oriundos de Córdoba capital, visitaron una mañana de abril el Alcázar de los Reyes Cristianos de la ciudad.

Observaron desde el exterior su extensa muralla y atravesaron la puerta principal.

Maravillados por aquella estatua del Rey Alfonso X «El Sabio» decidieron adentrarse en tan majestuoso lugar, para observar todo lo que habían aprendido de su historia.

Las valientes damas, los ágiles caballeros; todos subieron con cautela a la Torre de los Leones, expectantes ante los que habrían de encontrar una vez que llegaran arriba.

Caminaron por el Paseo de Ronda hasta la Torre del Homenaje.

«¡Oh, se ve la ciudad!» –Exclamaron emocionados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Atravesando su grandes galerías se detuvieron en el “Salón del Océano” y en el “Sarcófago”, escaneando todas sus formas y figuras.

Y por fin llegaron al “Salón de los Mosaicos” donde observaron las maravillosas obras que  estaban expuestas.

Acompañados por el sol de la mañana, las damas, también los caballeros, pasearon por sus grandiosos jardines, disfrutando del olor de sus flores, del movimiento de los peces en los estanques… hasta finalizar en el conjunto escultórico de los Reyes Católicos y Cristóbal Colón.

Fue una divertida y emocionante visita a este precioso lugar, y estas pequeñas damas y los no más grandes caballeros las gracias dieron a Reyes (mamá de Silvia) y Adrián (papá de Román) por haberles acompañado y por cuidarlos durante el periplo por el Alcázar de su ciudad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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